jueves, 8 de noviembre de 2012

LOS JARDÍNES DE SOROLLA

LOS JARDÍNES DE SOROLLA


Tarde de sol en el Alcázar de Sevilla 1910
óleo sobre lienzo 94x64 cm
Colección particular

La esencialidad y la sobriedad de los patios de la Alhambra transmiten el fuerte carácter introspectivo de la obra madura de Sorolla . Los jardínes del Alcázar de Sevilla y del  Generalife de Granada insisten en esa tendencia a la melancolía. Sorolla pinta como refugio frente al cansancio que le produce la vida social a la que le obligan los encargos oficiales. Por eso, la figura humana está siempre ausente . Cargado de múltiples resonancias afectivas, el jardín andaluz es para él una creación homóloga a la pintura misma , un espacio construido donde las arquitecturas vegetales se conjugan con el agua, la cerámica o el mármol para  atraer y regular , no solo la luz y el color sino también el sonido y la brisa . El jardín se convierte así en el escenario de una polifonía sensorial que nos seduce para llevarnos a lo más esencial  de nosotros mismos.

Después de su breve estancia en Andalucia en 1902 , Sorolla vuelve a Sevilla en 1908 para  pintar el retrato de la reina Victoria Eugenia en el jardin de los Reales Alcázares . Se trata, sin duda , de un encargo importante . No se encuentra bien, no se encuentra a gusto, pero, desde el primer momento casi lo único que le gustan son los jardines: " Ahora cuando  almuerce salgo enseguida para Palacio, pues quiero pintar en los jardínes otro cuadro. Esto te gustaría pues no pisas tierra nunca " le dice a Clotilde, " todos están embaldosados con azulejos, todo cercado de mitro, le dan una nota poética muy simpática "



Jardínes de Carlos V , Alcázar de Sevilla 1910
óleo sobre lienzo 63,5 x95 cm
Madrid, Museo Sorolla
Los jardines de los Reales Alcázares son únicos desde todos los puntos de vista. Se levantan sobre una extensa posesión árabe que, a lo largo de los siglos , ha sufrido muchas transformaciones. La parte más antigua es contemporánea de los jardines de la Alhambra, pero se distingue de estos por las intervenciones posteriores de Carlos V y Felipe II , que mezclaron el lenguaje islámico con dialécticas manieristas. La última transformación es relativamente reciente en tiempos de Sorolla , de 1857. La sintesis de los diferentes estilos ha sido siempre uno de sus principales valores ; a todos los pequeños jardines les unía  una forma de hacer de tradición hispanoárabe, como el uso de la cal, el azulejo o también la compartimentación en pequeños espacios en torno a fuentes centrales.

Sorolla se había sentido atraído por la jardineria italiana como muestran los dibujos de la Villa Farnese de Roma-conservados en el Museo Sorolla- y había disfrutado enormemente en los jardines de la Granja en los años inmediatamente anteriores. La configuración de lo Reales Alcázares tuvo que atraerle obligatoriamente . Además, el jardin andaluz estaba  realmente de moda en estos años. Sorolla era consciente de esta popularidad y no debemos olvidar que durante su estancia sevillana en 1908 , tenía la necesidad de producir obras para su gran exposición en Londres



Fuente y jardín del Alcázar de Granada 1917
óleo sobre lienzo 64.5 x 96 cm
Madrid, Museo Sorolla



Pero, aunque no le escapara el aprecio que por estos asuntos tenía el público extranjero, Sorolla, como buen regeneracionista , no estaba dispuesto a pintar españoladas : tenía una buena prevención frente a los tópicos castizos que habían explotado los pintores románticos y que él rechazaba de forma categórica . Y así, salvo los jardines de los Reales Alcázares no encontró más motivos para pintar en Sevilla. Sorolla odiaba las corridas de toros pero era consciente de la riqueza cultural de todos los pueblos y de la necesidad de interpretar fielmente la identidad de cada región. Con su pintura , Sorolla conciliaba el afán europeizador con su defensa del  patrimonio cultural y con la reivindicación de lo español y lo regional , identidades presentes en su pintura.

Los jardines históricos expresaban, por supuesto, esa identidad y no podían " prostituirse "  Sorolla se había propuesto como objetivo estudiar el origen y carácter original de los jardines españoles, que, cada vez más, se encontraban en estado de semiabandono. Pero a pesar de  todo Sorolla en los jardines encontraba la paz. Por la correspondencia que mantenía con  Clotilde se desprende que, en sus primeros viajes a Andalucia, Sorolla se sintió más a gusto en Granada . Allí buscó las grandes perspectivas pero también se refugió en los pequeños  espacios Generalife, Granada muestran precisamente esa doble perspectiva. Sorolla nos  descubre " su punto de vista " : el jardin del Generalife , con su verde, su agua, su ciprés tallado . Y desde este jardin hace partícipe al espectador de la magnificencia expansiva y gloriosa del paisaje




Generalife, Granada 1910
óleo sobre lienzo 81x109 cm
Colección particular

Utiliza dos puntos de vista diferentes para el jardin y para el paisaje, y combina ambos en dos planos sucesivos que parten el lienzo en dos mitades : abajo ( que en realidad es la parte elevada para el pintor ) en el jardin, el espectador se sitúa prácticamente encima de la fuente; a la vez, en la parte superior , la mirada se pierde frontalmente , en un paisaje que avanza hacía el infinito.

En la búsqueda de lugares" expansivos" en Granada , Sorolla encontró , en el sector de la  Alcazaba, en el Jardin de los Adarves , el emplazamiento ideal . Pero, a pesar de su pasión  por el paisaje , Sorolla no dudó en volverse para retratar el jardin , tanto en 1909 como en 1917- Jardin de los Ardaves, Alhambra, Granada , Fuente y jardin de la Alcazaba , Granada. En la primera versión, Sorolla despeja el camino hasta la frodosa y protectora sombra  que junto a la tapia, da paso al recinto de la Alcazaba. Parece como si entráramos en otro jardin, como si, poco a poco, fuéramos penetrando profundamente en un refugio ensoñador y  trascendente.




El ciprés de la Sultana ( Generalife ) 1909
óleo sobre lienzo  106x 82 cm
Colección particular 

Otro de sus" refugios " fue sin duda, El Jardin de la Sultana , en el Generalife. En El Jardin de la Sultana la pincelada se curva , voluptuosa y envolvente . El espectador se siente dentro del jardin, en el borde de la fuente, en medio de una sinfonía sensorial en la que participan los verdores matizados , un rumoroso frescor de agua , el olor de las plantas , el calor del sol... Parece improbable para el espectador y probablemente para el pintor querer estar en otro  lugar

Mercedes Tamara 
8-11-2012

Bibliografia : Sorolla : " Los jardínes de luz, " Edic El Viso

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