domingo, 23 de diciembre de 2018

SOBRE LA HIERBA BERTHE MORISOT

SOBRE LA HIERBA 1874

Sobre la hierba
óleo sobre lienzo 73 x 92 cm
Museo de Petit Palais Paris




Pintora impresionista francesa. Influida por los artistas Camille Corot y Édouard Manet, abandonó su primera formación clasicista en busca de un estilo impresionista muy personal, caracterizado sobre todo por la delicadeza y sutileza que supo imprimir a sus cuadros. Su técnica, basada en grandes pinceladas aplicadas libremente en todas direcciones, dio a sus obras unas calidades transparentes, iridiscentes, tornasoladas. Trabajó tanto la pintura al óleo como la acuarela, realizando principalmente paisajes y escenas de mujeres con niños, como es el caso de Madame Pontillon sentada en la hierba (1873, Museo de Arte de Cleveland) y escenas de interior en las que predominan los blancos, como en El espejo de vestir (1876, Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid). Murió el 2 de marzo de 1896, dejando cerca de setecientas pinturas. © M.E.

En la pintura que nos ocupa los pasteles se funden en un conjunto armonioso , las figuras están inscritas en el marco paisajístico dotadas de gran naturalidad El gesto tierno de la madre hacía su hijo recuerda a las pinturas antiguas que tienen como tema la maternidad Este tema lo repetirá Morisot en otras pinturas que hacen referencia a este tema .Aunque en este caso, las figuras tienen una gran vivacidad por la presencia del perrito y la otra niña mayor que ha situado en el fondo . Maravillosa la gama de colores verdes que dominan toda la pintura 

Mercedes Tamara
23-12-2018

Bibliografia . " Atlas del Impresionismo "

sábado, 15 de diciembre de 2018

CINCO BAÑISTAS PAUL CEZANNE



CINCO BAÑISTAS 1885-1887



Cinco bañistas
óleo sobre lienzo 65 x 65 cm
Museo de Orsay Paris










Durante sus frecuentes visitas al Louvre, Cézanne pronto se sintió impresionado por los grandes maestros clásicos, especialmente aquellos interesados en el desnudo como Tiziano, Rubens, Tintoretto, Veronés o Poussin. "El Louvre es el libro en que aprendemos a leer; sin embargo, no debemos contentarnos con retener las bellas fórmulas de nuestros ilustres predecesores. Salgamos de él para estudiar la hermosa naturaleza" escribía a su amigo Bernard.



 A lo largo de la década de 1880 realizará una amplia serie de lienzos protagonizados por figuras desnudas, siendo las Grandes bañistas la culminación de la serie. Los personajes se integran a la perfección en la naturaleza, situándose en diferentes posturas para poder estudiar las más variadas poses, poses que curiosamente no se realizaron nunca utilizando modelos vivos. Los amplios volúmenes de las mujeres desnudas están resaltados gracias al color, utilizando una pincelada rápida que, en forma de facetas, va configurando la estructura anatómica de cada una de las figuras. La iluminación empleada es bastante arbitraria pero provoca la creación de sombras coloreadas habituales del impresionismo. Estas obras servirán de ejemplo a Picasso y Matisse para su particular aportación a la pintura contemporánea.



Mercedes Tamara
15-12-2018


Bibliografia : " Artehistoria "

miércoles, 22 de agosto de 2018

MUJER CON FRUTA PAUL GAUGUIN

MUJER CON FRUTA 1893


 Mujer con fruta
óleo sobre lienzo 93 x 73 cm
Museo del Ermitage



Magnífico ejemplo de la producción tahitiana de Gauguin realizado en 1893, poco tiempo antes de regresar a París para inaugurar su primera exposición. Por eso el título sería tan enigmático, refiriéndose a la pregunta que le hacen los nativos que aparecen en el cuadro.

Esta pintura  de Paul Gauguin es un lienzo decorativo y plano que encarna la armonía de la naturaleza virgen y de la vida de los nativos de Tahiti . En 1893 junto con los volúmenes , la perspectiva lineal y área , el modelado  en claroscuros y el trazo dinámico impresionista , el artista recurre a la superficie plana . bajo la cual se transparenta el tejido del lienzo - a la combinación de distintas zonas cromáticas entremezcladas con las formas de los objetos y recorridos por la linea precisa del dibujo. 


Las cualidades principales de su estilo artistico es su carácter decorativo y monumental . La tahitiana que sostiene la fruta en sus manos se representa en tonos marrones dorados, una linea precisa marca el contorno de su cuerpo. Todo el cuadro , incluido  el paisaje está tratado de forma sintética, que respira el ardiente calor del verano tropical.

Mercedes Tamara
22-08-2018

Bibliografia : Editorial Biblioteca El Mundo 



miércoles, 15 de agosto de 2018

EL RESTAURANTE DE SIRENES EN ASNIERES VICENT VAN GOGH

EL RESTAURANTE FDE SIRENES EN ASNIERES 1887




El restaurante de Sirene en Asnieres
óleo sobre lienzo 56 x 65 cm
Museo de Orsay




En el verano de 1887 Vincent solía acudir con frecuencia a Asnières - un pueblecito al norte de París muy visitado por los amantes de las actividades fluviales - acompañado de Bernard y Gauguin.


 El restaurante de la Sirène era uno de los más famosos y el pintor quiso inmortalizarlo en este lienzo siguiendo las pautas del puntillismo tomando como referencia a su amigo Signac. 

Las líneas cortas dominan a los puntos, otorgando así una gran viveza a la superficie como Vincent había aprendido de Anton Mauve e indirectamente de Rubens durante su estancia en Amberes. Estas obras de Asnières - véase el Interior de un restaurante o Pescador y barcas junto al puente de Clichy - son escenas plenas de alegría, empleando un colorido vivo con rojos, verdes, azules o amarillos, plasmando en el lienzo una instantánea moderna, sin ninguna profundidad transcendental, muy similares a las ejecutadas por Toulouse-Lautrec. El interés del artista por plasmar un momento de luz concreto y la sensación ambiental creada le acercan al Impresionismo, aunque los jóvenes creadores intentaran superarlo.


Mercedes Tamara
15-08-2018

Bibliografia : ArteHistoria

domingo, 5 de agosto de 2018

AMAZONA DE FRENTE EDUARD MANET


AMAZONA DE FRENTE 1862


Amazona de frente Óleo sobre lienzo, 73 x 52 cm. Museo Thyssen Bornemisza, Madrid.


Édouard Manet (París, 1832-1883) Enmarcado dentro de la corriente realista, Édouard Manet fue una figura central dentro de la renovación de la pintura francesa y occidental de finales del siglo XIX. A pesar de no haber pertenecido al movimiento impresionista, la técnica y la temática de sus obras se convirtieron en referentes imprescindibles para la generación de pintores jóvenes que se decantaron por esta corriente, entre los que se encontraron Claude Monet, Paul Cézanne y Camille Pissarro. Hijo de un alto funcionario del Ministerio de Justicia, decidió hacerse pintor tras dos intentos fallidos de entrar en la Escuela Naval. De 1850 a 1856 asistió al taller de Thomas Couture, donde coincidió con su amigo de la infancia Antonin Proust, que más tarde sería ministro de Cultura. Guiado por su admiración por los grandes maestros de la pintura, copió en el Musée du Louvre las obras de los pintores renacentistas italianos y viajó por Bélgica, Holanda y Alemania. Más tarde, su veneración por la obra de Diego Velázquez, Bartolomé Esteban Murillo y Francisco de Zurbarán le llevó a pintar temas inspirados en España, a donde viajó en 1865.

La pintura de Manet evolucionó desde su inicial estilo tenebrista, de inspiración española, a una más luminosa, centrada por primera vez en la vida urbana moderna. Esta temática, desarrollada sin duda bajo la influencia de su amigo Charles Baudelaire, y su atrevida técnica ligera y brillante, provocaron su rechazo sistemático de los Salones oficiales, al tiempo que se acrecentó su fama entre los jóvenes pintores impresionistas, quienes intentaron sin éxito que se les unieraen sus exposiciones

Su. Almuerzo en la hierba (ParísMusée, d’Orsay), incluido en el primer Salon des Refusés de 1863, causó un importante revuelo, tanto por el tema como por la técnica empleada, sólo comparable al escándalo provocado poco después por su Olympia (París, Musée d’Orsay), en el Salon de 1865. El mayor éxito de su carrera lo alcanzó con Un bar en el Folies-Bergère (Londres, Courtauld Institute), expuesto en el Salon de 1882

Hacia. el final de su vida pintó numerosos retratos de mujeres, tanto al óleo como en pastel, así como un gran número de bodegones y jardines. Su técnica, que se volvió todavía más suelta y espontánea, abrió un nuevo camino a la pintura moderna. Como escribió Henri Matisse varios años después de su muerte, Manet, al ser «el primer pintor en lograr la traducción inmediata de las sensaciones, liberó el instinto del pintor».

Manet, primero, y los impresionistas, después, continuaron el camino abierto por Courbet en la representación pictórica de lo real y llegaron incluso más allá al iniciar una nueva investigación basada en la percepción de lo instantáneo. Manet, por otra parte, fue el primero en plasmar en sus cuadros las experiencias cotidianas de la gran ciudad, convencido, como Baudelaire, de que «el verdadero pintor, será aquel que sepa arrancar a la vida moderna su lado épico».

La Amazona de frente pertenece a una serie inacabada sobre las cuatro estaciones que Édouard Manet pintó en los dos últimos años de su vida, por encargo de su amigo Antonin Proust, entonces ministro de Bellas Artes. El tema de las cuatro estaciones representadas por figuras de mujeres era relativamente frecuente en la historia de la pintura occidental. La propia cuñada de Manet, la pintora Berthe Morisot, había realizado uno de estos ciclos con jóvenes vestidas con ropas a la moda. Por otra parte, en las estampas japonesas —tan difundidas entonces— también era habitual simbolizar las estaciones con rasgos de cortesanas.

El artista emprendió este ciclo cuando estaba ya muy enfermo y sólo consiguió terminar totalmente el primero de los cuadros, La Primavera, para el que posó la célebre actriz de la Comédie Française Jeanne Demarsy. Manet presentó este cuadro con gran éxito en el Salon de 1882 junto a la obra maestra del final de su carrera, Un bar del Folies-Bergère. Para El Otoño, que no llegó a terminar, fue Méry Laurent quien le sirvió de modelo. Esta gran amiga de Manet al final de su vida había llegado a París con diecisiete años para debutar como actriz y pronto se había hecho famosa y había logrado introducirse en los círculos artísticos y literarios de la capital. El mismo Marcel Proust se inspiró en ella para el personaje de Odette Swann de En busca del tiempo perdido.

Para la Amazona del Museo Thyssen-Bornemisza, que quizá estaba pensada para representar el verano, posó Henriette Chabot, una joven menos conocida que las anteriores, hija de un librero de la rue de Moscou. Animado por el éxito de La Primavera en el anterior Salon, Manet se afanó especialmente en esta obra con la intención de presentarla en el Salon de 1883. Realizó tres versiones: una Amazona de perfil, del mismo formato y muy inacabada; otra Amazona de frente, de mayor tamaño; y la presente pintura. De las tres, sólo esta última fue escogida para la exposición póstuma del artista organizada en enero de 1884 en la École des Beaux-Arts, donde se expuso colgada por primera vez junto a La Primavera y El Otoño.

En toda esta serie, Manet presta gran atención al vestuario de las retratadas siguiendo el credo de Baudelaire de que la moda era un rasgo clave de la modernidad: si Jeanne Demarsy iba ataviada con un traje de flores de última moda, y su belleza de nariz respingona destacaba sobre un fondo florido, Méry Laurent llevaba una moderna pelliza de color marrón, encargada por el propio Manet al famoso modisto Worth. En el cuadro del Museo Thyssen-Bornemisza, la joven Chabot, de aspecto andrógino, viste un traje de amazona que, según testimonio de Antonin Proust, le había prestado a Manet su amigo el pintor Gallard d’Épinay.

El color oscuro del traje le permite al pintor dar muestra de su mágico dominio de los negros, que, en contraste con la claridad del fondo, nos remiten a modelos de Frans Hals. El tratamiento de la luz puede considerarse impresionista, pero en Manet la búsqueda de la luminosidad se yuxtapone al estudio de las superficies de color, de los contornos y de las texturas. El hecho de que sea una obra inacabada permite percibir claramente la soltura de su ejecución, sin ningún titubeo, y esa maestría con la que Manet lograba captar y transmitir lo esencial.



Mercedes Tamara
5-08-2018

Bibliografia : ForoXerbar  

martes, 17 de julio de 2018

RETRATO DE SUSANA BAMBRIDGE PAUL GAUGUIN


RETRATO DE SUSANA BAMBRIDGE 1891
Retrato de Susanna Bamdbrige
óleo sobre lienzo 70 x 50 cm
Reales Museos de Bruselas






En la primavera de ese mismo año, Gauguin partía hacía Tahiti Mientras él se alejaba en Paris quedaban un grupo de pintores sugestionados por su lección : el grupo de los nabis, es decir , los profetas , porque pretendían anunciar un arte nuevo , en la que la realidad pictórica prevaleciera sobre la realidad física. . A este grupo pertenecieron Eduard Vuillard y Pierre Bonnard , quienes reencontraran en el puntillismo no tanto por su afán de veracidad como para crear combinaciones cromáticas , por lo que en sus manos será un instrumento útil y no un sistema riguroso 




Cuando Gauguin llega a Tahití en 1891 se dedicará a realizar retratos para conseguir dinero rápido. La mujer que contemplamos sería una dama inglesa, casada con un jefe tahitiano, que trabajaba como intérprete. Pagó 200 francos por el retrato, cantidad que el artista no consideró suficiente. 





Del año 1891 es este robusto retrato que Gauguin se empeñó en exagerar sus dimensiones encajándola perfectamente en el lienzo y salpicando su figura con gruesas flores con colores chillones. También parece haber un cierto simbolismo acerca de la psicología del personaje.



La figura de Suzanne aparece en primer plano, recortada sobre un fondo de papel pintado en el que encontramos una flor, sentada en una silla y vestida con un traje estampado. La planitud de la figura y la edad de la modelo recuerdan a La bella Angela, aunque en este caso sea el colorido empleado algo más oscuro, animado por las florecillas del vestido. La influencia de la estampa japonesa y el primitivismo que rodea la imagen son dos cuestiones básicas en la pintura de Gauguin en estos momentos.
Mercedes Tamara
17-07-2018

Bibliografia : ArteHistoria

jueves, 12 de julio de 2018

CAMPO DE COLES POINTOISE CAMILLE PISSARRO




CAMPO DE COLES POINTOISE

Campo de coles, Pontoise
 Óleo sobre , 60 x 80 cm
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza 

Frente a las escenas de ocio burgués de Monet, Sisley y Renoir, Camille Pissarro mostró predilección por los ambientes rurales. El pueblo de Pontoise, a 35 km de París, es uno de ellos. Allí vivió Pissarro entre 1872 y 1882, y pintó más de 300 paisajes, todos ellos localizados en un área muy reducida.

Cuando Campo de coles, Pontoise fue expuesto en la primera muestra impresionista en 1874, los comentaristas criticaron la vulgaridad de las coles del primer término. Ahora bien, más allá de la importancia concedida a este motivo, la verdadera protagonista es la bruma matinal que envuelve las formas y que Pissarro capta con una técnica que se debate entre el monocromismo de Corot y la pincelada abierta impresionista. Pissarro, además, recurre a una sólida construcción a base de horizontales y verticales que le acerca a la gran tradición clásica del paisaje francés. El resultado es una obra serena en la que el tiempo parece haberse detenido.

El año de 1873 fue uno de los más importantes en la historia de la pintura francesa. Además de crearse el grupo de artistas que, en la primavera de 1874, expondrían juntos en lo que iba a ser la primera de las ocho exposiciones «impresionistas», por aquel entonces surgió una colaboración que ciertamente habría de cambiar el curso de la historia del arte. Durante todo el año, Paul Cézanne, un joven pintor provenzal, trabajó en un proyecto pictórico colectivo con Camille Pissarro, el artista de más edad de los que posteriormente se denominarían impresionistas. A lo largo de ese año, cada uno de ellos se esforzó en crear un estilo personal de paisaje a través de una continua interacción crítica. A Pissarro, que era indiscutiblemente un maestro del paisajismo, la experiencia le ofrecía la posibilidad de aquilatar el avance conseguido trabajando con Monet -en 1870 y en Inglaterra en 1870-1871-, un artista que se contaba entre los más rotundamente personales de aquella época. Y de este modo el anciano que, por derecho, tendría que haber sido el «maestro» de Cézanne, trabajó con el más joven en igualdad de términos.



Para ejecutar la obra Pissarro caminó unos cinco minutos desde su casa a una zona de Pontoise conocida como «le Chou» («la Col»). Estamos probablemente en octubre o a principios de noviembre; el árbol frutal del primer término ha perdido las hojas pero muchos de los árboles de hoja caduca que se ven al fondo conservan todavía su follaje. El artista ha elegido un momento a última hora del día, cuando los rayos del sol poniente entran «en escena de frente por la derecha» proyectando sombras alargadas sobre el primer término e iluminando escasas zonas del cerro boscoso que constituye el «tema» principal del cuadro de Pissarro. Los campos de aluvión del Chou muestran un aspecto invernal, con repollos crecidos en primer término, alternando con otros productos como patatas, que ya se han arado. La luz que entra por la derecha ilumina un prado de pasto de invierno y el cielo tiene la tonalidad gris dorada de un atardecer invernal. Ha habido por lo tanto un inmenso reto pictórico a la hora de «dar vida» mediante el acto de representación a este paisaje soso y básicamente verde.

La escala y el propósito del paisaje se consiguen gracias a tres figuras. Una pequeña, de una campesina que lleva algo que acaba de recolectar y que mira de frente, obligando al espectador a adoptar un papel activo. La segunda, un campesino que se inclina en medio del campo, tal vez para arrancar nabos o, más probablemente, para recoger leña. La tercera, una mujer que no es más que una pincelada mínima de gris azulado en el bosque, justo detrás de la figura más grande, carga con unos haces de leña que ha recogido en el bosque para encender la lumbre por la noche. A diferencia de los campesinos de Millet, éstos se disimulan en las profundidades del paisaje, para que la narrativa humana no interfiera con la plácida contemplación de este atardecer otoñal en el campo.

Lo más interesante de este cuadro es su «lentitud». Las siluetas de las casas, de un tono gris violáceo, que asoman en lo alto del cerro no son las de las nuevas y acogedoras maisons de campagne pintadas por Monet, Renoir y Sisley aquel mismo año. Son las humildes moradas de los aldeanos que llevan más de mil años trabajando afanosamente estos campos. Lo único breve es la «hora del día» -el crepúsculo- y sabemos que dentro de un cuarto de hora caerá la noche, como lo lleva haciendo desde que los campesinos realizan tareas como éstas en campos como éste. No estamos ante un momento «pasajero» de la vida urbana burguesa, con sus trenes, barcos y ratos de ocio; es decir, no estamos ante un momento «impresionista». Se trata más bien de una hora del día lenta, recurrente, de la Francia profunda y, cuando contemplamos el cuadro, también nosotros reducimos nuestra velocidad.




Mercedes  Tamara
12-07-2018

Bibliografia ForoXerbar